Yo había conocido a julio en una vieja librería de Buenos Aires. Recuerdo claramente que él siempre recordaba aquel día, donde descubrió el opio, y su lectura cambió su visión de la literatura para trasladarlo al surrealismo desde entonces... ese día me dejo ir nada mas… pasó una semana y nos volvimos a encontrar precisamente allí en ese lugar… exactamente en el mismo sector… ese día ya pregunto mi nombre y de dónde era, agregó también su opinión acerca de Buenos Aires en ese entonces: “Buenos Aires es una especie de castigo, vivir aquí es estar encarcelado”. Degustamos una fructífera charla, hablamos hasta por los codos, salimos juntos de aquella librería y nos dirigimos hacia mi casa, tomamos un café y Julio se fue diciendo: “A mi no me basta con que me digan que eso es una mesa y eso es una mesa, ni que la palabra madre es madre y ahí se acaba todo. Al contrario en el objeto mesa y en la palabra madre empieza un itinerario misterioso que a veces llego a franquear y a veces me estrello”.
Desde entonces mi vida cambió… aunque ya nunca mas volví a ver a Julio, solo sé que debió renunciar a varias de sus cátedras en 1945 cuando Perón asumió la presidencia y dos días después en una entrevista aclaro “preferí renunciar a mis cátedras antes de verme obligado a sacarme el saco como les pasó a tantos otros colegas que optaron por quedarse en sus puestos… Pues sí, digo que fue una vuelta de página, ya que esa frase me conoció, me identificó y me confundió para luego vaciarme… simplemente entendí que detrás de cada objeto, palabra, no hay un simple objeto, ni una simple palabra…
Más adelante, allá por 1968 publicó 62, modelo para armar... Ahí descubrí que con ese relato quería mostrar cómo esas figuras constituyen una ruptura, y un desmentido en la realidad individual muchas veces sin que los personajes tengan la menor conciencia de ello... en 1981 le diagnosticaron leucemia y para descontento de toda su audiencia incluido yo, muere el 12 de febrero de 1984.
A los dos años, el 3 de enero de 1986 me presenté en la editorial Alfaguara y propuse emprender la publicación de las obras completas de Julio. Lo aceptaron y yo fui quien tuvo el agrado y orgullo de diseñar las cubiertas...
Sin dudas Julio fue un disparador en la historia, sus escritos rebuscados no significaron desdichas, sino que nos han hecho ver más allá de los antifaces diarios…
Manu
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