lunes, 11 de octubre de 2010

Mi hormiga...

Mientras mi hormiga gira sobre si, como si nada más existiera que ese infinito campo de girasoles. Un firmamento amarillo que se sobrepone a cualquier duda. Mi corbata.

Ese es su centro, de allí conoce cada sitio como el mismo hormiguero. Pero aun así no se encuentra siendo hormiga, se sabe hormiga pero sus patas largas dibujadas sueñan con desiertos negros que poco a poco se materializan.

Pegoteadas las patas luchan, dan atontados pasos y se descubre otra vez girando en círculos concéntricos.

Busca obsesivamente encontrarse con ella misma, descubrirse en un reflejo oculto. Verse toda elástica, fuerte. Cuando en verdad, pobre hormiga mía, es débil y casi ficticia.

Ante el mundo probablemente no exista o quizá desde el Centauro si se mira con mucha atención se verá un pequeñito punto negro casi borroso e inquieto.

El caso es que se encuentra aturdida, en lo blanco nítido que la choca de frente. A su alrededor se habla otro idioma, se siente más abeja que hormiga, o más hormiga que todas. Es que justamente ella cree en otras cosas, entonces sus extremidades se apresuran, se aleja pero en realidad se acerca a ella misma.

El viejo sueño del reflejo oculto, la sabiduría o al menos la seguridad.

En todo eso irá pensando mi hormiga cuando poco a poco el hilo sintético del cordón de mi zapato termine.

Tal vez llegará a encontrarse o quizá con mucha mala suerte, terminará en la suela de otro zapato.


Leti Perondini

No hay comentarios:

Publicar un comentario